Por qué no me llama ser youtuber

Hola a todos. Hoy os traigo un post tipo reflexión.

Dicha reflexión ha sido fruto de visualizar cientos de vídeos de blogueras a las que sigo desde hace al menos 8 años, cuando se comenzó a grabar y a subir vídeos a la plataforma de youtube.

Cuando empezó todo esto de la era de internet, hará algo más de 10 años, encontré por casualidad, en la plataforma de youtube, algo más que vídeos musicales. La verdad es que fue por mero azar escribiendo en el buscador Google la sencilla pregunta de Cómo maquillarme, ya que soy un desastre para eso. Mi sorpresa vino cuando entre direcciones de páginas web, que te explicaban cómo hacerlo con fotos, aparecían capturas de vídeo de un par o quizá 3 chicas maquillándose. Obviamente me emocioné cuando al  pinchar en el enlace, tenía ante mí un tutorial casero para aprender a maquillarse, ¡y gratis!, porque en aquella época todo cursillo de lo que fuese había que pagarlo y asistir presencialmente.

Aquello me supuso un mundo nuevo abierto ante mis ojos, ya que comencé a hacer más búsquedas de cualquier tema y pude comprobar que más gente subía sus vídeos mostrando sus conocimientos del tema que fuese. Así que me hice follower (o seguidora en castellano) de esas chicas tan majas que hacían vídeos con ideas frescas, y trucos que ellas sabían y que querían compartir con el resto del mundo, y que nos facilitaban la vida con ello.

 

Pero…  ¿Qué ha pasado de estos 8 años hasta ahora?

La respuesta es sencilla: dinero y popularidad.

Las marcas, sobre todo de cosméticos que son las que más he seguido, se dieron cuenta de que las youtubers o blogueras tenían una gran influencia sobre sus seguidoras con sus opiniones sobre los productos que utlizaban, por lo que vieron una súper puerta abierta hacia un nuevo método de marketing.

¿Cómo funciona?

Las marcas se ponen en contacto con la youtuber en cuestión y le envían productos gratis para que los pruebe y haga un vídeo explicando maravillas de él, porque si no habla bien del producto, la marca le asegura que no va a volver a colaborar más con ella. La mayoría de veces las blogueras, obligadas, tiene que hacer un vídeo hablando sobre un producto que en muchas ocasiones ni les ha dado tiempo a probar, o al menos que se vean los resultados si es una crema por ejemplo.

En mi opinión, los vídeos dejan de ser esos videotutoriales frescos y divertidos con los que pasabas un buen rato aprendiendo; y ahora son meros anuncios de cosméticos. No he visto ni una que se salve. Incluso muchas sólo graban videos para que les den los productos gratis. Aunque también entiendo que si la de al lado lo hace, la otra, y la otra… también tienen que hacerlo porque si no quedan atrás, pierden seguidoras, popularidad, etc, y las marcas no se fijan en ella.

Que sí, que me parece muy bien que se quieran ganar la vida así pero, ya no tienen esa libertad de expresión, aunque nos quieran vender lo contrario, ya que están sujetos a unos jefes (las marcas), que les dictan cómo tienen que ser los vídeos y qué es lo que tienen que decir. Repito, la mayoría de veces ni han probado el producto.

Otras veces, una de las blogueras  a las que sigo saca un concurso por ejemplo,  de una paleta de colores de X marca. A las pocas horas o días siguientes ya lo han hecho las demás blogueras con esa misma paleta de colores. Es decir, la marca se promociona diciéndoles que hagan un concurso entre sus seguidoras. No sé, queda todo como falso. Repito, es mi opinión. La bloguera que me abrió los ojos fue Azucena Morales, pero no encuentro ahora el post en cuestión «Te mereces saber toda la verdad», parece que ha quitado la página web.

Sea como fuere, para mí han perdido credibilidad, una pena. Las marcas han quemado rápidamente un camino maravilloso de venta.

Entonces, ser youtuber, ¿es ser tu propio jefe? Siempre puedes decir que no a esa manera de trabajar, pero en mi opinión es que NO, porque estás sujeto a lo que te dicen que hagas. ¿Vale la pena? Quizá para la youtuber que se lleve 200 euros por vídeo puede, pero para las consumidoras es una estafa, porque no es una opinión del todo real.

 

¿Qué ocurre mientras?

Otro tema a abordar es el tema de los vídeos de tu vida. Que es una de las razones de mayor peso por las que no me he decidido a ser youtuber, porque soy muy reacia a que se sepa demasiado de mí.

Para conseguir que tu canal sea visible y que esté de los primeros necesitas subir y publicar mucha cantidad de vídeos. Obviamente ese ritmo de publicación no te lo dan las marcas pero, sí tu día a día. La mayoría de estas youtubers han caído en el “Horror Vacui”, que en pintura es el miedo a los espacios en blanco, sin decorar. Esto mismo es aplicable a los espacios en el tiempo que dejan las marcas entre un producto y otro, por lo que las blogueras tienen que rellenar como sea ese ”hueco” con vídeos sobre cómo me lavo los dientes, cómo desayuno, y situaciones por el estilo.

 

Hay otro tema más: las empresas que se dedican a representar a youtubers.

Sí, sí, has leído bien. Los youtubers tienen representante, como los famosos, pero es que en cierta manera lo son. Estas agencias negocian las condiciones de los contratos de sus youtubers con las marcas, llevándose alrededor del 30% de las ganancias que se generan. Y volvemos a lo mismo. Estas empresas te indican qué tienes que decir en los vídeos, cómo hacerlos, te dan hasta la música para que no tengas problemas con los derechos, y también te aumentan el número de suscriptores falsamente, pagando, claro está. Además te “obligan” a hacer vídeos conjuntos con otros youtubers. Viajes a otros países para promocionar alguna cosa. Algunos lo verán como un trabajo, pero lejos de lo que era ser tu propio jefe, con tus horarios y demás.

 

En conclusión, a estas alturas he decidido no ser youtuber (lo cual no quita que suba algún día un vídeo curioso, como este por ejemplo) porque no me gusta mentir, y pienso que la credibilidad en alguien es muy importante. Mucha gente no tendrá la misma opinión que yo, tampoco trato de que la tengan, sólo muestro el mundo tal y como lo percibo yo, y a mí no me gusta que me engañen.  Y ¿a tí?

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